divendres, 26 de gener de 2007

Relación y autoridad

Siempre que me enfrento a textos de corte filosófico (en este caso, la asignatura de Teoria Feminista de Duoda, impartida por M. Milagros Rivera; lo que sigue tiene relación con su libro El fraude de la igualdad), me asalta la duda de la práctica... aunque seguramente no haya nada más práctico que las relaciones entre los sexos (las que se contratan o impone no se aceptan con un@) y de los sexos (las que se establecen desde y a través la diferencia), y su plasmación en las teorías de igualdad de sexos o igualdad de oportunidades (cosas distintas). Pero me refiero a la "teorización" de las relaciones. Quizá será porque el cambio a una perspectiva feminista es nuevo para mí, o quizá porque estoy algo deformada por las explicaciones sencillas y fáciles que nuestro mundo parece demandar. Pero me ocurre que el esfuerzo que me pide este cambio de perspectiva, en proceso de construcción, me frustra. Siempre me quedo con la impresión del "vale, pero y ahora ¿qué?". ¿Cómo puedo utilizar esta idea en mi entorno? Supongo que eso es trabajo de cada una, pero no dejo de sentirme frsutrada.
Por ejemplo, el tema de la autoridad materna y femenina. Entiendo que el hecho de escribir este texto es un ejercicio de autoridad, pero ¿en qué otros espacios pueden ser practicada? Como tod@s, yo recurro al "imperativo de la madre" (esa persona que nos da las primeras orientaciones en el mundo) para ser "unidad de sentido". Es decir, lo que me transmite la madre tiene que ser usado para hacer entendible el mundo, y hacerme entendible en él... desde la lengua materna, que me da la capacidad de decir(me) y nombrar(me) a las instituciones sociales. Pero más allá de este espacio ¿qué hay? Si pienso en las personas a las cuales he concedido autoridad, resultan ser la mayoría de ellas varones. No quisiera caer en una inútil contraposición de géneros, pero me pregunto qué es lo que ha sucedido para que en términos quantitativos y qualitativos me sienta más vinculada a hombres, y no a mujeres, desde un punto de vista intelectual. Ciertamente, me siento muy cercana, por ejemplo, a mis compañeras de la universidad; entre nosotras se ha establecido una colectividad dialogal que ha sido fundamental para mí, pero cuando intento buscar en mi situación actual encuentro que no hay ninguna compañera física con la que establecer esta relación de autoridad. Supongo que lo que estoy diciendo en el fondo es que me siento huérfana de maestras.

Que yo recuerde, no había oído nunca la teoría d ela "complementariedad de sexos", lo cual habla de mi poco conocimiento en teoría y filosofía feministas... Pero el concepto de "asimetría" en la relación de sexos me resulta especialmente atractivo y lieberador de manidas igualdades. Me gusta paladear la palabra. Pero de nuevo me encuentro ante la pared: ¿cuáles son los modos políticos de articular esta autoridad, de plasmar la asimetría? ¿Cómo evitar su rechazo en la sociedad, aún explicando que la autoridad no conlleva poder? Entiendo que esto también es la tarea de cada una, y tampoco pretendo que se me diga "es esto" o "es aquello", porque la riqueza de la experiencia es lo que justamente formula esta relación política, este fluir de autoridad reconocida. ¿Cómo darnos la autoridad de decir? En el caso de la teología ¿cómo encontrar esos espacios donde unas a las otras nos reconozcamos esta autoridad? ¿En la iglesia? ¿Fuera de ella? También entiendo la asimiliación que se suele hacer entre "asimetría" y "desigualdad" a raíz de la teoría de la igualdad de sexos (es decir, que hombres y mujeres somos iguales, anulando la diferencia sexual y sin considerar que yo no quiero ser "igual a", sino ser pura y simplemente "yo misma"). Pero en esto quizá sería cuestión de empezar a superar el pensamiento único, como en tantas otras cosas.
Mientrastanto, intentaré seguir pensando en cómo y dónde crear estos espacios de autoridad. De momento, colgar este texto en mi blog es ya una reivindicación y un inicio para ese espacio, sobretodo si alguien lo lee... y contesta.

divendres, 12 de gener de 2007

Cigüeñas para el 2007

El pasado día 31 de diciembre nació la segunda hija de nuestros compañeros del seminario Alma y Armando, a la que han llamado Cristina. Cristina ya tiene una hermanita algo mayor, Samantha, que no contenta con tener un nuevo miembro en la familia, se dedica a presentársela a tod@ aquel que se acerca por su casa.
El feliz nacimiento de Cristina me hizo pensar en una frase que este año que empezamos es el lema de la Agenda de las Mujeres: alumbrando al mundo. Es una frase sencilla, que describe una vivencia cotidiana, pero no deja de sorprenderme. Quizá porque hasta ahora no había tenido la oportunidad de vivir la maternidad de una compañera de una forma tan cercana. Quizá porque aún no tengo un cuadro coherente sobre mis Madres. No deja de ser toda una experiencia, no sólo como lugar de espacio y reflexión, sino desde un punto de vista práctico, toda vez que hasta ahora nadie se había atrevido a ponerme un bebé en los brazos más de diez segundos... Con muy buen tino, debo añadir. ¿Y si se me cae de cabezaaaa?
Lo primero que se me sugiere con esa frase o cuando veo a Cristina es esperanza. Vale, suena trillado, pero a falta de una expresión mejor, eso es. Aunque casi diría que es esperanza inquieta. Esperanza en que los caminos que discurren a nuestros pies no son, gracias a Dios, de tránsito privado, sino relacional; esperanza en que es posible tejer en él los hilos de la Sabiduría, con más o o menos fortuna, pero siempre enriqueciendo; esperanza en que todo nuevo alumbramiento es único en su capacidad de adelantar un futuro de vida, y de hacerlo presente aquí y ahora. E inquietud... porque no dejo de ver y oír (y hacer) cosas que me inquietan.
Poco le puedo decir ahora a Cristina sobre mis Madres. Apenas empiezo a conocerlas. A veces, incluso, siento que no las conozco. A otras, es que todavía no las he conocido. Pero todas ellas han alumbrado al mundo, o lo están haciendo ahora mismo. Me gustaría que Samantha y Cristina oyeran también de este alumbrar ya desde ahora, y que ello les diera los pasos de danza necesarios para enfrentarse con Sabiduría a este mundo que no simpere ve con buenos ojos eso de... dar (a) luz.
En fin, algo sentimental sí me ha quedado este texto. ¿Melodramático? ¡Espero que no! Pero no quiero acabar sin decir que otros amig@s muy queridos de mi añorada ciudad de Sabadell esperan su primer hij@. Sin duda, éste es año de nacimientos, lo cual me alegra muchísimo. Pero, ¿cómo será eso de hacer de tía mimante? Bueno, seguro que se me da bien... (más o menos).