divendres, 23 de març de 2007

Diferencia sexual y cristianismo. El partir de sí. - Diferència sexual i cristianisme. El partir de sí

Hoy me gustaría hablar un poco de "meollos", porque en mi experiencia cotidiana del día a día y como mujer cristiana es trascendental la exitencia de la diferencia sexual, de mi diferencia sexual. Porque es a partir de ella y a través de ella como me relaciono con el mundo y con mi estar en este mundo cristianamente. He aquí el gran meollo de la cuestión, la "gran madre del cordero".

Por diferencia sexual entiendo la política del ser y decir desde la diferencia. Desde la diferencia, no sólo de ser mujer, sino de ser esta mujer, porque parto de mí misma, de mi vivencia y experiencia, de mi historia personal englobada en un escenario mucho más amplio, de lo que percibo que es la realidad, y, sobretodo, de lo que creo que debería ser. Parto, pues, de mi comprensión de mí misma. En teoría, todo el mundo parte de su "vivencia y experiencia", cierto. Pero a lo que aquí me refiero es partir de mi ser libre, o si más no, en proceso de liberación, y más concretamente desde mi femenino libre, conocido y por conocer. Esto para mí es trascendental para mi comprensión del mensaje liberador de Jesús.
Política porque es relación. Porque la diferencia, obviamente, sólo se puede construir en relación. Política también porque intenta crecer, evolucionar, cambiar, expresar no sólo mi identidad, teñida por el hecho de ser mujer, sino porque también tiene una vocación exterior. Política, pues, porque es mi manera de relacionarme y estar en el mundo. Pero política también (según entendemos la política hoy) porque esto implica transformar mi entorno en algo que yo considero más positivo y enriquecedor, no sólo para mí, por lo que se halla también en conexión con el servicio en y a la sociedad.
Sin embargo, el ejercicio de esta diferencia va más allá de la sociedad, porque para traer esa diferencia ahora y aquí es necesaria la creación de un mundo simbólico y una mediación que permitan nombrar la diferencia: nadie se relaciona con el mundo sin estructuras simbólicas. Se trata, pues, de crear un puente entre mi entorno y mi ser sensible y pensante, buscando que ambos sean consecuentes y coherentes
En este sentido, la práctica de la diferencia sexual conlleva la creación de unas mediaciones capaces de superar la dicotomía asexuada patriarcal en cuanto a la relación entre los géneros, porque es justamente esta estructura simbólica patriarcal la que dice y ordena hoy gran parte de nuestro mundo (p. ej. en la misma lengua), o al menos nuestro mundo occidental -y gracias a Dios, cada vez menos. Y para mí, esta mediación se enraíza en Jesús.
Existen distintos instrumentos para plasmar esta diferencia sexual, la mayoría de ellos usados en relación, como la práctica del affidamento o el reconocimiento de la autoridad femenina o los grupos de auto-conciencia, o bien la recuperación y valoración de la relación con la madre, tema, dicho sea de paso, que me parece de los más controvertidos. Otros instrumentos son de calado más analítico, como el de género.

Dicho todo esto, en mi experiencia personal la diferencia sexual se enraíza y expande desde mi percepción espiritual, cristiana, porque esta, como la diferencia sexual, debe trascender hacia la realidad, aportando su plus. Porque tanto el cristianismo tal y como yo lo entiendo como la diferencia sexual persiguen y pueden ofrecer una emancipación, una liberación de aquellas estructuras que mantienen en la oscuridad y el silencio, sin la capacidad de desarrollarse personalmente de forma plena a las mujeres y a otros “colectivos”. Así, en mi comprensión cristiana, política igualmente, que también se construye en un diálogo relacional con Dios (y aquí me inspira enormemente la figura de Jesús-Sabiduría) y sus testimonios, la práctica de la diferencia sexual es imprescindible, cuanto más porque la diversidad de mundos simbólicos y desarrollos positivos que puede aportar la mediación del orden simbólico cristiano ha sido dramáticamente secuestrada por la construcción y justificación del orden patriarcal en la Historia, aunque bien podemos hallar algunas importantes excepciones.

Esto es lo que soy, lo que pienso, lo que digo. Esto es el partir de sí, que debe ser puesto constantemente en diálogo con Dios y la Biblia, en oración y acción. Seguro que a más de uno y una le serán muy familiares estas ideas. Para mí, estan siendo cada día un descubiriemiento asombroso, iluminador y sí, liberador, porque hasta ahora (y aún ahora) no había sido capaz de fijar nítidamente qué es la diefrencia sexual. Y sentir la esencia cristiana como la estoy sintiendo y experimentando ahora. ¡Amén!

diumenge, 11 de març de 2007

Decir a Dios en lengua materna - Dir a Déu en llengua materna

"En el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios" (Jn. 1,1,)

Hay más de una lengua materna. La lengua materna no es sólo aquélla con la que aprendemos a hablar y a nombrar en palabras la realidad. Esta es la lengua que aprendemos en casa, porque es la que habitualmente usan nuestros padres, la que luego estudiamos en la escuela y aprendemos a usar con una colección de reglas lingüísticas que la normalizan.
Pero existe otro tipo de lengua materna, una más íntima y personal, sin normas, con la cual también decimos cuando somos demasiado perqueños para hablar con una lengua articulada y con la que, sobretodo, nos pensamos. Esta lengua más que dar forma a nuestra identidad, es la que usamos para decir qué y quién somos. No tiene porque ser necesariamente una lengua hablada. En esta lengua, los gestos, las carícias, los suspiros, los murmullos o la acción de mecer, por ejemplo, pueden dicir más que las palabras.
Esta lengua la usa nuestra madre cuando todavía no hemos nacido. Es la que utiliza para pensarnos y para comunicarse con nosotr@s, sin palabras, sólo con una especie de conversación de pensamientos e imágenes. Toda madre habla con su bebé de esta forma. Es una comunicación intensamente íntima e intensamente materna. Cuando nacemos seguimos usando esta lengua. No nos expresamos en palabras, sino con sonidos y gestos que son interpretados por nuestra madre o incluso por nuestro padre en ciertos aspectos. Sin embrago con el tiempo esta lengua cae en desuso, substituída por la que es hablada en casa. Es entonces cuando adoptamos una mediación (porque la función de toda lengua es mediar con lo que nos rodea) que ya está dicha en nuestro lugar, que no es puramente nuestra, que no es en esencia pensada por nosotros. Es una lengua standar, incluso. Ya está creada. La lengua materna "íntima" queda entonces en hivernación.

¿Por qué digo todo esto? Porque creo que es un buen ejercicio recuperar esta lengua materna íntima en nuestra relación con Dios. No sólo porque creo que Dios nos nombra en esta lengua, y no sólo porque así podamos desarrollar imagenes de Dios tremendamente enriquicedoras como Madre, dos cosas para mí muy importantes. Sino porque usando esta lengua materna patimos de nosotr@s mism@s, de nuestra diferencia y originalidad, de nuestro más profundo y honesto ser. Somos entonces nosotros quienes mediamos con el mundo al nombrarlo desde aquí, cereando los símbolos y significados necesarios para pensarnos y decirnos en este "mundo simbólico" e intentamos luego vivir de acuerdo a esta concepción en nuestro día a día. A esta concepción de nuestro ser estamos llamad@s, creo, a fundir nuestra sensibilidad cristiana, a alimentarla y a anclar en ella a Jesús-Sabiduría, el núcleo de nuestro ser. A decirnos en ella. Y es entonces cuando entendemos plenamente la Palabra, el Jesús-logos, que estaba con Dios al principio. Es entonces cuando decimos a Dios en lengua materna.

dijous, 8 de març de 2007

Día de la mujer - Dia de la dona

Aunque hace más de un mes que no paso por aquí (lo sé, imperdonable....) hoy no podía dejar de hacer una paradita por estos lares, porque hoy es el día de la mujer. ¡Felicidades a todas nosotras! Pero en esta felicitación deberíamos dejar espacio para la crítica.
En algunos calendarios aparece este día reseñado como "día internacional de la mujer trabajadora". Mi quisquillosidad (o quizá otra cosa) no me deja sentirme a gusto con estos dos adjetivos. Primero, porque no todas las mujeres son trabajadoras. No me refiero a las madres y abuelas y esposas o compañeras, que, por supuesto, realizan un trabajo esencial poco reconocido y no remunerado. Quizá no estaría mal que pensaramos en un pensión para las "jubiladas domésticas", a pesar de que la mayoría de las veces nunca nos jubilamos de las labores de mantenimiento del hogar, a percibir en el mismo momento de la jubilación laboral. Pero hoy también es el día de aquellas que o bien se pueden "retirar" de la mayoría de estas labores o bien no lo perciben como un trabajo. Hoy también es su día. Y ellas no trabajan.
Lo de "internacional" todavía me gusta menos, porque remite a un contexto limitado: "entre los países", queriendo decir las mujeres de todos los países. Y aquí ya estamos hablando en términos de ciudadanía y fronteras, a pesar de que el adjetivo pretenda justamente lo contrario. Sí, de acuerdo, aquí soy quisquillosa en extremo. Pero hay algo que no me acaba de sonar bien.
Mujeres. Mujeres y punto. Con nuestra hermosa disparidad y variedad.

Creo que debemos tomarnos esta jornada como algo reivindicativo, como un acto de denuncia. En el fondo, esto es lo que peretende ser. Pretende dar una visibilidad. Y por eso no debemos alegrarnos en exceso, porque es día de denuncia de desigualdades y violenecias, desprecios e injusticias incluso bajo la ley de los Estados.

Aunque hoy muchas nos felicitemos por ser mujeres, sigo pensando que el día en que tod@s nos podamos felicitar será el día en el que estas lacras habrán desaparecido totalmente de nuestro mundo. Entonces sí podremos celebrar el Día de la Mujer por ser mujeres, no por ser "mujeres que".

¡Feliz día a todas nosotras!