dimecres, 10 d’octubre de 2007

El Dios de las mujeres

De nuevo de vuelta. Septiembre ya ha pasado, aunque no se ha llevado el estrés con él. Sólo un retazo. Espero sin embargo poder tener algo más de tiempo para escribir un poco a partir de ahora (sí, Jonathan, hasta ahora enterrada en los "tengo que hacer...").
Empezaré hablando un poco de un libro que estoy leyendo y que me está encantando. Se trata de El Dios de las mujeres escrito por Luisa Muraro y publicado por Horas y HORAS. Este es un libro de esos que engancha, pero que necesita su tiempo para calar bien. Luisa forma parte de la comunidad filosófica Diótima, un grupo de mujeres comprometidas con el ser y el hacer a través del pensamiento de la diferencia sexual. Una de las áreas de trabajo de Luisa es la experiencia de lo divino entre las mujeres, especialmente las místicas y beguinas, aunque no tanto por lo divino en sí, sino por la libertad que conlleva para ellas tal experiencia (lo cual desde mi percepción personal es inseparable). Lo que Luisa busca más bien es ese divino, ese infinito experiencial, que se esconde en cada una y cada uno de nosotros. Por eso, habla de divino, y no de Divino, según entiendo yo. Aún así, es sorprendente la enorme capacidad que tiene Luisa de capturar esas preciosas intuiciones y experiencias de lo divino/Divino. Hay ocasiones en las que, enfrascada en la lectura, no puedo por más que asentir enérgicamente a sus comentarios, soltando una especie de "¡eso es!". Lo más impactante es que Luisa se declara no cristiana. Es decir, que no comparte la mayoría de creencias que animaron a tales mujeres. Digo cristiana a propósito, porque en cuanto a si es o no creyente, para mí no hay duda de que lo es. No sé muy bien qué opinaría ella de esto, pero intuyo que con algo de esta afirmación estaría de acuerdo. Lo cual da mucho que pensar, ¿verdad? ¿Cómo puede ser que alguien que se declara explícitamente no cristiana sea capaz de explicitar realidades y aspectos de Dios de una manera tan viva y directa a través de la comprensión de la experiencia de otras mujeres? ¿Cómo puede ser que tenga una percepción tan profunda? ¡A veces somos tan reduccionistas...!