dissabte, 22 de març de 2008

Desde el aeropuerto

Aquí estoy una vez más en el aeropuerto en uno de mis innumerables viajes Madrid-Barcelona, sentada ante la puerta de embarque y esperando a que el minutero corra algo más rápido, deseando que esta vez no haya retrasos (que los va a haber) ni incidencias que impliquen descargar todo el equipaje de la cabina porque alguien que facturó no está sentado con todo el resto de la plebe en su sitio.
Sin embrago, esta vez también es distinta. Si todo va como debe ir, éste será uno de mis últimos viajes peninsulares para convertirse en intercontinental. Pero tengo dudas, muchas dudas y quebraderos de cabeza de que ése sea el camino. Parece que no sé muy bien hacia dónde voy; es donde quería estar antes, pero no sé si es donde quiero estar ahora. Muchas cosas han cambiado. Voy a dejar este rinconcito personal para otro rato, sin embrago.
A pesar de que voy muy tarde y la fecha paréceme haberse caído del calendario, este pasado ocho de marzo fue el día de la mujer. Me había prometido que entre tanta biblioteca, trabajo y escritos colgaría algo en el blog; pero la fecha llegó y parace ser que el único momento que he tenido la capacidad de encontrar para escribir son estos minutos del pre-embarque.
Quería escribir algo sobre el cambio de relaciones y sobre la teología feminista. Quiero escribir algo sobre lo que significa que Jesús sea hombre en lo biológico y sin embargo no actúe como el uso y la convención social del ser hombre requieren, necesitan. Quería escribir qué tiene que ver eso con la teología feminista, y qué es la teología feminista. Pero mis compañeros de hacinamiento aéreo ya empiezan a hacer esa larga cola que inevitablemente aparece cuando el operador o la operadora se sienta en su escritorio, con calma, esperando a que le digan que el avión ya está listo para ser precintado con nosotros dentro, sardinas de media clase que podemos volar gracias a la supuesta democratización de las líneas aéreas. Ah, la impaciencia ya se siente, se agiganta a cada nuevo pasajero en la cola. Mejor sigo luego, una vez esté en casa, en Madrid.

He tardado dos días en volver a encontrar el momento. Así es difícil escribir de verdad, escribir lo que quiero decir de verdad y que salga libre. Las palabras se me hacen pesadas, no hablan la lengua que quiero, parece que se me pegan a los dedos con cada tecleo. Es claro que no voy a escribir hoy sobre teología; no la tengo en el ánimo. Me parece que entre tanto escribir y entregar textos, las ideas se me secan, tan vertida estoy en lo que hago que no me queda nada que volcar aquí. No es porque esté vacía de ideas ni porque lo que haga se me lleve la chispa, es que la chispa está prendiendo en otras letras y en otros lugares y al final poco queda para este rinconcito. Hay que vigilar eso, que no me absorba y no lo disfrute, que se convierta en obligación y no en placer y en libertad. Seguiré escribiendo otro día, me gusta este rinconcito.

1 comentari:

The teacher ha dit...

Hola nena, segona comunicació del dia. Tu tan poètica com sempre i jo tan macarra com de costum. Vaja només dir-te que estic legint cosetes teves del blog. Et fa llàstima que sacabi la teva aventura madrilenya? No et veig gaire apassionada amb la nova transcontinental. Bé, ja parlarem abans un dia d'aquests, que et tinc ganes i encara que hagi d'anar a un loqutori. Un petó, de nou! ;-)