dimecres, 23 d’abril de 2008

Sant Jordi 2008

El 23 de Abril de cada año, se celebra Sant Jordi, día de la Rosa y del Libro. Pero ¿de dónde vendrá la tradición? Os propongo hacer un pequeño recorrido histórico-mítico para desentrañar los misterios de la tradición.

Sant Jordi, además de patrón de Aragón y Catalunya, es patrón de Portugal, Génova, Inglaterra, Lituania, Rusia, Georgia, Etiopía y otros sitios. Aunque se le conoce por nombres distintos: Jordi (catalán), Jorge (castellano), Gorka (euskera), Xurxo (gallego), Georges (francés), George (inglés), Georg (alemán), Giorgio (italiano), Georgos (griego) o Yuri (en ruso). El nombre tiene etimología griega: viene de gea (tierra) y ergon (trabajo). Es decir, que tenemos un santo un tanto agricultor y rústico, “el que trabaja la tierra”.

Nuestro Sant Jordi fue un caballero de Capadocia consejero del emperador Diocleciano (284-305), o eso dicen. Eligió un mal momento para hacerse cristiano y abandonar su carrera militar, porque al emperador (en realidad, a su segundo, Maximiano) no le caían en mucha gracia los cristianos que digamos. Eso sí, el buen hombre repartió sus bienes entre los pobres y por mantenerse fiel a su creencia, fue martirizado y decapitado en el año 303. Y aquí nació la leyenda, que ha circulado variada y ampliamente especialmente durante la Edad Media.

La nuestra catalana se ambienta en Montblanc (Tarragona), donde hacen anualmente una representación, según tengo entendido. Dice la leyenda que un dragón aterrorizaba la ciudad y exigía mujeres jóvenes para zampárselas, hasta que un día, por sorteo, le tocó en suerte a la princesa ser el plato fuerte del menú del dragón. Pero claro, ¿cómo íbamos a permitir que un dulce princesa fuera tan malévolamente devorada (poco importa que las campesinas a estas alturas hubieran sido ya una cuantas)? Así que cuando el dragón casi ya le había hincado el diente a la princesa, apareció nuestro Jordi, mozo bien lozano y dotado, a lomos de su caballo blanco y ensartó al dragón en su lanza, patentando el estilo pinchito moruno. Pero ¡sorpresa! de la sangre del dragón nació un rosal, del que nuestro valiente caballero tomó una rosa y la regaló en prueba de su amor a la princesa. No sabemos si la idílica historia acabó en boda y divorcio, porque no es el quid de la cuestión, claro. Vamos a suponer que vivieron felices para siempre.

Hay otras historias circulando por ahí. Dice el Costumari Català de Joan Amades que Sant Jordi fue elegido como patrón de la caballería y de la nobleza catalana por la ayuda que prestó a las conquistas del Pere I allá por el 1094, que ganó una batalla contra los sarracenos invocando el nombre del santo cuando aquello de la Reconquista fue inventado. Otra leyenda dice que Borrell II recobró Barcelona con tan solo nueve hombres y la ayuda del santo que, cabalgando por entre las nubes, blandía un relámpago por espada. Así que en Barcelona el santo era honrado con torneos y justas de caballería cada 23 de abril en la Plaça del Born, y los caballeros en justa regalaban rosas a sus damas.

Pero claro, una celebración tan bonita no podía ser sólo cosa de la nobleza, así que la fiesta se popularizó a través de la Fira dels Enamorats en el s. XV, cuando se representava la leyenda y se repartían rosas. Por eso, en Catalunya el 23 de abril es el día de los enamorados, ligado a la fiesta de Sant Jordi. Recientemente, la fiesta se ha convertido en el día mundial del libro, coincidiendo que en tal día murieron Cervantes, Shakespeare y también Josep Pla.

Así pues, cada 23 de abril ellas les regalan libros a ellos, y ellos a ellas rosas rojas, acompañadas normalmente por espigas y un lacito con la senyera. La rosa roja significa la pasión, la espiga la fecundidad y la senyera el patronaje de Sant Jordi. Sin embargo, conozco otra tradición relacionada más con la cultura provenzal y trovadoresca, en la que las damas ejercían el patronaje de la cultura (y sustentaban la copia y distribución de los poemas, simbolizado por el hecho de que nosotras regalemos libros). La rosa que ellos nos regalan remitiría a su vez al poema que los trovadores dedicaban a sus damas, aunque el amor del que habla el trobador (o la trobadoritz, que también existían) no es un amor pasional, sino más bien que busca simbolizarse en la dama, que es la inspiración del poema.

Espero que os haya gustado el recorrido por las raíces de la fiesta. Personalmente, es una de mis fiestas preferidas, aunque desgraciadamente no sea festivo. Podéis encontrar toda esta información googeleando por ahí, es muy fácil.

Por supuesto, ahí va mi rosa para tod@s, que no me he olvidado. J