dissabte, 31 de maig de 2008

La Nueva Profecía: una teología en lengua materna

En el número 34/2008 de Duoda. Revista d'Estudis de la Diferència Sexual ha salido publicado un artículo que escribí titulado "La Nueva Profecía: una teología en lengua materna". La Nueva Profecía es el nombre que se daba a sí mismo es montanismo, que fue un movimiento cristiano del s. II declarado después herético y que entre otras cosas me atrae por la implicación de las mujeres en él. El artículo se centra en los oráculos de sus profetas y en su teología, una teología que tal como la entiendo permitía decir la experiencia libre de las mujeres con sus propias palabras. Usaba para ello la lengua del amor que es la lengua materna, la lengua de Dios, y se resistió al proceso de homogenización del cristianismo pre-constantiniano. Se encuentra dentro del tema monográfico "la mística ¿es política?", aunque éste es un movimiento esencialmente profético. Sin embargo, las conexiones con otros movimientos místicos posteriores son innegables.

divendres, 30 de maig de 2008

Pensando en Dios desde la diversidad

Ésta es una versión breve de la reflexión que tuve en la Església Baptista El Redemptor (Sabadell) el 18 de mayo pasado, Día de la Familia.

La cuestión de la familia no es una cuestión fácil. ¿En qué familia pensamos cuando decimos “familia”? Si echamos un vistazo a nuestra sociedad occidental, encontramos tantas familias y maneras de vivir conjuntamente tan diferentes que casi nos faltan palabras para describirlas: además de la familia tradicional (la compuesta por el padre, la madre y los hijos e hijas), encontramos las formadas por parejas de hecho no casadas, familias monoparentales, las divorciadas o separadas, las parejas formadas por personas de un mismo sexo, además de la variedad de familias multiculturales. Es un extenso repertorio, e incluso ante tal variedad algunos dicen que la familia se encuentras en crisis. Pero todos estos modelos familiares existen, y si la Iglesia quiere mantenerse en diálogo con la sociedad, como debe, hay que pensar seriamente alrededor de esta cuestión.
Han existido muchos modelos familiares a lo largo de la Historia De hecho, si vamos a la Biblia, encontramos unos cuantos. Uno, por ejemplo, es el tribal del antiguo Israel, el de los patriarcas. Otro, bien podría ser el romano que empieza a sacar la nariz en la época de Jesús y que en las Cartas hallamos más claramente. El problema es que son modelos que hoy no nos sirven, porque por un lado, como es obvio, la sociedad ha cambiado, y por otro, están basados en relaciones injustas de poder: patriarcales, patrilocales y patriliniales, en los cuales el paterfamilias reclama la obediencia. Confrontados la ética de Reino de Dios son modelos que no satisfacen, porque excluyen cualquier libertad e incluso igualdad (no en el sentido de “ser iguales”, sino en el de relaciones igualitarias desde la diversidad). El modelo del paterfamilias es, por ejemplo, el modelo que adoptó el emperador en el Estado romano, y que muchos regímenes después también han explotado para justificar el gobierno terrenal. ¿Es pues que la Biblia no puede presentarnos ningún modelo familiar en el que podemos reflejarnos?

Otra cuestión es que nosotros y nosotras, la Iglesia, por “familia” entiende también la realidad de la iglesia. En el momento en que nos confesamos cristianos y cristianas, formamos parte de una familia más amplia en la que a través de Cristo nos reconocemos como “hermanos y hermanas” en la fe. Somos entonces capaces de llamar a Dios Abba (expresión aramea que significa “papi” o “papaíto”, desde la confianza de los niños en sus padres), tal como dice el texto de Romanos 8:14-16. Las primeras comunidades cristianas escenificaron esta comprensión familiar claramente: no es casualidad que las primeras iglesias sean iglesias domésticas, donde el amor rige una práctica profundamente igualitaria, ni jerárquica ni patriarcal. ¿Pero donde hallaron inspiración estas comunidades para ver a Dios como Padre si la figura del padre era entonces tan autoritaria?
El caso es que en la Biblia sólo hay una relación familiar que no se basa en el ejercicio de la voluntad sobre otras personas, no se basa en relaciones de dominio, sino en el amor y el entendimiento, en la inteligencia del amor. Y este modelo es el trinitario. Es decir, la Trinidad.
¡Ay, la Trinidad! Qué lejos queda de nuestra práctica cotidiana y de los púlpitos. Qué incomoda es al no dejarse esclarecer. Pero esta en el mismo credo de esta iglesia (http://www.esglesiaredemptor.org/). Pero ¿qué tiene a ver la familia con la Trinidad?
El problema con la Trinidad es que se ha caído en la trampa de los debates lingüísticos y racionalistas. La formulación clásica dice que está compuesta por tres personas (Padre, Hijo, Espíritu Santo) que comparten la misma naturaleza. Pero el concepto de “persona” ha cambiado desde el s.IV. Entonces, se refería más a la esencia, hoy a la subjetividad y a la individualidad. La trampa racionalista es intentar definir Dios, que es una realidad indefinible, con las palabras.
Pero lo que interesa aquí es la calidad relacional de la Trinidad, o mejor dicho, la familiaridad, porque la familiaridad consigo misma y con todo lo que es creado constituye el sentido más íntimo de Dios. Por eso es pertinente hablar de ella cuando habamos de la familia desde una perspectiva cristiana. ¿Por qué? Hay tres aspectos importantes:
a) El primero es que la Trinidad implica mutua relación. Atención: mutua relación no reciprocidad. La reciprocidad pone el sujeto en medio y hace consentimiento. La mutua relación en cambio habla desde un nivel más plano, no hay beneficios ni pérdidas, ni yo doy y tú recibes. Implica relación sencillamente por el gusto de estar en relación, por el gusto de estar en comunidad.
b) El segundo es la igualdad radical. La Trinidad no debe ser pensada en jerarquías, sino que es igualmente Padre-Hijo-Espíritu, a pesar de que se respeten las distinciones.
c) De lo anterior se desprende el tercer punto, que es la unidad comunitaria en la diversidad. No podemos acercarnos a Dios pensando en términos absolutos, sino en términos relativos: Dios es en relación a lo otro, no es que esté en relación, es que es pura relación. Dios es comunidad, es koinonia.
De hecho, si nos paramos a pensar un momento veremos que a Dios sólo se le conoce en relación: ¿qué es la Biblia si no una historia de relación entre Dios y el ser humano? Dios es Dios de gracia que se da a conocer en Cristo en el poder del Espíritu Santo.

Sin lugar a dudas, este es el mejor modelo familiar al que podemos aspirar, de hecho, al que debemos aspirar, porque por un lado, si Dios es relación, nosotras y nosotros creados a su semejanza, somos también seres en relación. Por otro lado, porque conocemos en Dios este Padre de amor, que se deja decir también como Madre, no como un Padre monárquico, sino que Dios resignifica de nuevo y continuamente lo que significa ser Padre. Estar en comunidad, estar en una comunidad cristiana, es pues generar relaciones sanas y diversas en todas direcciones. Se trata de que todos y todas desarrollemos esa calidad relacional, conscientes que somos iguales y distintos porque vivimos en el amor de Dios-Padre en tanto hijas e hijos de Dios. Miembros en buenas relaciones crean una comunidad sana y a la inversa: una comunidad sana es capaz de generar buenas relaciones entre sus miembros. Este es también un modelo que vale también para nuestras familias particulares: relacionarse desde la mutualidad más allá de las concepciones de dominio y jerarquías, creando verticalidades no jerárquicas. Se trata también de dejar que otras formas de entender la familia encuentren su lugar en la iglesia, porque Dios no es sólo un Dios de tradiciones, sino también de innovaciones.

dimarts, 20 de maig de 2008

PENSANT EN DÉU DES DE LA DIVERSITAT

Aquesta és una versió breu de la reflexió que vaig fer en l'Església Baptista El Redemptor (Sabadell) el 18 de maig d'enguany, Dia de la Família.

Avui és el dia de la família, el dia en què celebrem a l’església el que significa ésser família. La setmana passada vaig celebrar el Dia de les Mares a en una església de Madrid, així que en realitat porto uns dies molt “familiar”. Però essent sincera m’agrada més com ho celebrem aquí, perquè celebrem el dia de la família com un tot, com una cosa composada per diferents persones, i celebrem les relacions entre aquestes persones; no només les mares, o els pares o els fills i filles o els avis o els sogres, sinó que pensem en tota la família sencera. Sí, és una celebració que se centra en les relacions. En celebrar aquestes relacions, també agraïm les benediccions que Déu ens dóna a través d’ella... encara que moltes vegades també hi tenim disgustos.
Però el tema de la família no és una qüestió fàcil. En quina família pensem quan diem “família”? Si mirem la nostra societat occidental, trobem tantes famílies i tantes maneres de viure conjuntament tan diferents que gairebé ens falten paraules per definir-les: a més de la família tradicional, composta per un pare, una mare i fills i filles, trobem famílies formades per parelles de fet no casades, famílies monoparentals, que són les famílies en les què només hi ha un progenitor, el pare o la mare, ja sigui perquè un dels dos ha mort o perquè la mare ha decidit ésser mare soltera. A més, també tenim les famílies divorciades o separades i les parelles formades per persones d’un mateix sexe, a més de les famílies multiculturals. És un extens repartori, i davant això, molts diuen que la família, la família tradicional, és una institució que està en crisi. Però el cas és que tots aquests models familiars existiexen i si l’església es vol mantenir en diàleg amb la societat, són maneres de viure que hem de pensar i al voltant de les quals hem de reflexionar. De models familiars, n’han existit molts al llarg de la Història. De fet, si anem a la mateixa Bíblia en trobarem uns quants. Dos. per exemple, són el tribal de l'antic Israel, que s'anirà transformant, i el romà que es començava a importar a l'època de Jesús. El problema és que són models que avui no ens serveixen, per una banda, perquè la societat ha canviat, i per altra, perquè es basa en relacions injustes de poder: un pare tot-poderós que mana i reclama obediència i un seguit de persones que tenen l’obligació d’obeir arbitràriament. Sí, confrontats amb la ètica del Regne de Déu, són models que no satisfan, perquè parteixen d’una jerarquia que exclou qualsevol igualtat. De fet, per exemple, és el model que durant segles van adoptar primer els emperadors romans i després els reis com a “pares de la pàtria”, que demanen obediència cega, per justificar el seu govern terrenal. És doncs que la Bíblia no ens pot presentar cap model familiar en el què avui ens poguem emmirallar?

Una altra qüestió és que nosaltres per “família” podem entendre també una altra realitat, a part de la biològica, i aquesta és l’església. Des del moment en què ens confessem cristians, és a dir, seguidors del Crist, som admesos a una família molt més àmplia que la de la sang. A través del Crist som reconeguts i ens reconeixem com a “germans” i “germanes” en la fe, i som capaços d’anomenar a Déu Abba, tal com diu el text de Romans 8:14-16. Les relacions que s’estableixen en el sí de la comunitat són les pròpies doncs entre germans i germanes, i com a tals són relacions de proximitat, d’intimitat. Les primeres comunitats cristianes van escenificar aquest enteniment familiar d’una manera ben clara: no és casualitat que les primeres esglésies fossin esglésies que es reunien en cases, on l’amor de Déu definia una pràctica profundament igualitària, no jeràrquica ni patriarcal en els seus inicis, on dones i homes col·laboraven en funcions i ministeris.
Ara bé, on es van inspirar les primeres esglésies dels ss. I i II per entendre així la família? En veritat, la figura del “pare” que coneixien era una figura patriarcal, com deia abans, que dominava legalment la família, que exercia poder sobre la resta de persones. Què els va portar a entendre’s com una família i entendre Déu com a Pare? Com a font d’amor i no de poder? És aquest un Pare entès de forma contraposada a la idea corrent en l’època de “paternitat”
El fet és que a la Bíblia només hi ha un model familiar que no es basa en l’exercici de la voluntat sobre altres persones, no es basa en relacions de domini ni jeràrquiques, sinó en relacions d’amor i enteniment. I aquest és el model trinitari. És a dir, la Trinitat. Caram, he dit Trinitat?
Trinitat, sí. És que estic parlant poster en xinès? Perquè a veure, què és la Trinitat? És aquell concepte que tan lluny queda de la nostra pràctica cristiana i que mai apareix en els púlpits, perquè és un concepte incòmode, que no es deixa aclarir, que és un misteri, diuen els experts, i que sembla més matèria d’un discurs teològic i acadèmic d’altres envolades, de disquisicions filosòfiques, que no pas una realitat vivencial, experienciable en el dia a dia de les esglésies. Però el cas és que en la primera declaració de fe dels apòstols i la mateixa Bíblia ens parlen de la Trinitat. El Símbol dels Apòstols, que és una de les declaracions més antigues de fe, parla de Déu, el Fill i l’Esperit Sant, i de fet, en el nostre propi credo, el credo d’aquesta església, es diu: “Creiem en Déu que es manifesta en la unitat de la Trinitat del Pare, del Fill i de l’Esperit Sant”. Però que vol dit tot això? I encara més, què té a veure amb la família?
El problema amb la Trinitat és que s’ha caigut en la trampa dels debats lingüístics i racionalistes. La formulació clàssica diu que la Trinitat està composada per tres persones (Pare, Fill i Esperit) amb una mateixa natura. Però el concepte de “persona” ha canviat molt d’ençà el s.IV i ja no significa la mateixa cosa, axí que avui no ens serveix. L’altra trampa és la racionalista: intentar definir Déu amb el nostre llenguatge, quan en realitat Déu és una realitat que és indefinible amb paraules.
Però el que ens interessa a nosaltres és en veritat la qualitat relacional de la Trinitat, o més aviat, la familiaritat, perquè la familiaritat amb sí mateix i amb tot el que és creat constitueix el sentit més profund de Déu. D’aquí doncs, que la Trinitat ens sigui una cosa del tot pertinent i necessària quan pensem en la família des d’una perspectiva cristiana.
Per què? Bé, hi ha tres aspectes importants:
a) El primer és que la Trinitat implica mútua relació. Mútua relació, no reciprocitat. La reciprocitat sona més com una mena de just repartiment i posa el “jo” en el centre: el que tinc jo, també ho has de tenir tu. En canvi, la mutualitat parla des d’un nivell més pla, sense beneficis ni pèrdues per cap banda, és una qualitat més essencial: no és que jo tingui, és que els dos o qui sigui, tenim. Implica una relació senzillament pel gust d’estar en relació, pel gust d’estar en comunitat, no perquè es guanyi alguna cosa.
b) La segona cosa és l’igualtat radical. Quan pensem en la Trinitat no hem de pensar en jerarquies, ningú està per sobre o per sota, sinó que igualment són Déu. Pare-Fill i Esp. St. són el mateix, encara que es respectin les distincions.
c) D’aquí es desprèn el tercer punt, que és l’unitat comunitària en la diversitat. A Déu no ens hi podem acostar pensant en termes absoluts, dient “és això”, com una idea tancada. Més aviat l’hem de pensar en termes relatius: Déu és en relació als altres, no és que estigui en relació, és que és pura relació. Déu és comunitat, és koinonia.
De fet, si ens parem un moment a pensar en Déu, ens adonarem que a Déu només el coneixem en relació? Què és la Bíblia sinó una història de relació? Efectivament, és la narració de com Déu s’ha presentat, s’ha revelat, a un poble i a l’humanitat i de com aquest poble i aquesta humanitat han reaccionat davant d’aquesta revelació. Així que si alguna cosa defineix Déu és aquesta voluntat de relacionar-se, de donar-se a conèixer, però des de la diversitat: Déu és un Déu de gràcia que es dóna a conèixer a través de Jesús en el poder de l’Esperit Sant. El text de Romans que hem llegit abans ho diu ben clar.

Sense dubte, aquest és el millor model familiar al qual podem aspirar. De fet, al que hem d’aspirar, perquè per una banda si Déu és en relació, nosaltres, com creats a la seva semblança, som també éssers en relació. Per altra, perquè reconeixem en Déu aquest Pare d’amor, no com a Pare monàrquic que concentra tota l’autoritat, perquè Déu dóna un nou sentit al fet d’ésser Pare, i és per això que Jesús exclama Abba, que vol dir literalment "papi".
Estar en comunitat, estar en comunitat d’una manera cristiana, doncs, és generar relacions sanes i diverses des de totes direccions, des de la pluralitat, deixant que tothom sigui d’una forma completa. Es tracta que tots desenvolupem aquesta qualitat relacional, conscients que som iguals però diferents perquè vivim en l’amor de Déu el Pare, perquè som Fills i Filles de Déu. Membres en bones relacions creen una comunitat sana, i a la inversa: una comunitat sana és capaç de generar bones relacions entre els seus membres.
Aquest també és un model que val per les nostres relacions familiars més íntimes: tots tenim diferents posicions, però ha de ser el sentit de mutualitat el que ordeni les relacions familiars, no principis basats en jerarquies de poder, més enllà de la concepció tradicional de la família, sinó verticalitats no-jeràrquiques.

Avui, a l’hora de celebrar el Dia de la Família, celebrem també la familiaritat amb Déu i de Déu. Aquesta celebració ens aboca a la mútua relació, a l’igualat radical i a l’unitat comunitària en la diversitat. No només en l’església, sinó en les relacions en la nostra família. No és una qüestió fàcil, i tampoc es tracta d’enderrocar l’autoritat dels pares. Es tracta de canviar el poder per reconeixement d’autoritat. Es tracta també de deixar que altes formes de viure la família, des de la diversitat, trobin també el seu lloc en l’església, perquè Déu no és un Déu només de tradicions, sinó també d’innovacions. Rom: 8:14-16.