diumenge, 19 d’abril de 2009

Credo

Creo, creo en Dios, Dios que siente y es sentido, Dios con tripas y corazón, Dios que rebulle y clama contra la injustícia, Dios que toca y penetra hasta el último ápice de existencia. Creo en Dios Que Acoge, y que en su acogida, se entrega Todo al mundo para salvación.

Creo, sí. Creo en Jesús, Sabiduría de Dios y Mismo Dios, Cristo, que se da libremente y ante quien ya no debo avergonzarme. Creo en este Jesús comprometido hasta el final, que vivió y resucitó, que anduvo cansado, polvoriento, sediento y perseguido, y que en su vida sembró Vida zancada tras zancada, cuyas palabras alumbran un nuevo mundo.

Creo, sí. Creo firmemente en el Espíritu Santo, la presencia inefable de Dios, el que abre horizontes y desdibuja fronteras; que a pesar de ser intangible se deja habitar en nuestras mentes y nuestros sentires, y que está en las lazadas que nos unen como hermanos y hermanas.

Y sí, creo. Creo en nosotros, en nosotras, su Iglesia, en Su comunidad reconciliada y reconciliadora que se abre sin miedos al mundo, a sus deslumbrantes amaneceres y a sus borrascosos atardeceres. Creo en esta Iglesia que se deja guiar y es guiada y que merced al bienamar del Dios Trino se reconoce como pueblo sin separaciones, tejedora incansable de la esperanza humana.

Sí, en esto creo. En esto creemos. Creemos con toda nuestra alma, con todo nuestro ser y con toda nuestra integridad. Amén.