dimecres, 28 d’octubre de 2009

LITURGIA PARA EL DÍA DE LA REFORMA 1

Os dejo aquí una liturgia que he hecho sobre el Día de la Reforma que recuerda especilamente a las reformadoras (está dividida en 2 entradas)

(Rt. 1:1-18; Slm. 146; Heb. 9:11-14; Mc. 12:28-34)

BIENVENIDA

“No sólo para vos, mi señora, deseaba escribir yo esta carta, sino también para dar corage a otras mujeres mantenidas en cautividad, de tal forma que no teman ser expulsadas de sus tierras de origen, lejos de sus familiares y amigos, como lo fui yo, por la palabra de Dios. Y principalmente para las mujeres que quieren conocer y entender la verdad, que no saben qué camino, qué vereda tomar, a fin de que no sean ya más tormentadas internamente ni afligidas, sino que estén gozosas y consolodas y sean guiadas a seguir la verdad, que no es otra que el Evangelio de Jesucristo. ¿O es que no murió Jesús tanto por los pobres ignorantes y necios como por mis señores mitrados? ¿Es que predicó y extendió tanto el Evangelio sólo para los sabios señores e importantes doctores? ¿Es que tenemos dos Evangelios, uno para los hombres y otro para las mujeres? ¿En nombre de quién somos bautizados? ¿No es en nombre de Jesús? Él ciertamente no está dividido. No hay distinción entre el judío y el griego; ante Dios, nadie es excepción. No hay varón ni hembra, ni siervo ni hombre libre. Todos somos uno en Cristo. Pero nadie decía nada, y parecía que las mujeres no debían leer o escuchar las sagradas escrituras. Esta es la razón principal, mi señora, que me ha movido a escribiros, esperando en Dios que a partir de este momento las mujeres no sean ya más deseñadas como lo fueron en el pasado. Muchos protestarán de que una mujer se atreva a escribir sobre cuestiones de la Biblia, pero numerosas mujeres son nombradas en las sagradas escrituras… ¿o es que debemos condenar a Rut, que aún siendo mujer, tuvo su historia contada en el libro que lleva su nombre? No lo creo, viendo además que es contada en la genealogía de Jesucristo” (p. 53-4, adaptación de la Carta a Margarita de Navarra).

Esto decía Marie Dentière en su carta a la reina Margarita de Navarra, y me ha parecido una buena idea empezar con este fragmento adaptado, no tanto como para presentar una protesta que las mujeres hace mucho que predican como para unirnos un poco con ella y compartirla con vosotros, en este día en el que tenemos en mente el Día de la Reforma. No quisiera que sin embargo sonara esto a discurso manido, que cada cuál ponga allí donde yo leo “mujeres” una persona o un grupo de personas que hayan sido excluídas de la historia oficial, incluso de la historia de nuestra iglesia, o de nuestro “presente oficial”. Hoy me gustaría que pensásemos en las personas que empujamos más allá de los márgenes, no necesariamente porque sean pobres, sino porque tienen o han tenido algo políticamente incorrecto, por decirlo así.

Gente sabia y entendida afirma que la fe es genealogía y que el recuerdo actualiza. Por mi parte, hoy, a lo largo de este culto, me gustaría invitaros a participar en el despliegue de nuestra genealogía femenina, como un botón de muestra de aquellos y aquellas que solemos olvidar.

Porque no sólo hubo reformadores, sino también reformadoras.

Ayer la genealogía femenina era y todavía es políticamente incorrecta. Hoy puede que, por ejemplo, la genealogía del dolor lo sea, porque el dolor puede tener genealogía, esto es, memoria. En cambio, solemos no percatarnos o no dar crédito al dolor de otros u otras porque no le reconocemos espacios propios, o incluso una corporalidad, porque no forman parte de aquello que conocemos como “sentido común”. Extraño a nosotros, fuera de la común, nos negamos a reconocer su dolor, y acabamos obviándolo o peor, normalizándolo. Rut eligió al pueblo de Noemí libremente, pero ¿a cuántos obligamos a escoger “nuestro” pueblo o nuestra manera de ser para que tengan identidad? Notad además que Rut no olvida sus orígenes, su procedencia. Decide adoptar un nuevo enfoque de la vida, pero no deja atrás su genealogía. Ni siquiera Mateo la olvida cuando la cita en la genealogía de Jesús.

Pero hay otro motivo por el que hoy celebraremos a nuestras madres. Y es que la comunidad, lo que vivimos y celebramos en nuestros espacios litúrgicos y no tan litúrgicos, es comunión también con los que y las que nos han precedido. Porque sólo en el sentido de comunidad que tenemos en Cristo y por Cristo puede ser el recuerdo actualizado y la fe recordada.

Teniendo esto en mente, os invito ahora a ponernos todos y todas de pie y a leer conjuntamente este salmo de alabanza para pedir la presencia del Señor en este culto.

INVOCACIÓN Y ALABANZA (Slm. 146)

L: ¡Aleluya! ¡Alaba, oh alma mía, a Yahvé!

T: Alabaré a Yahvé en mi vida; a mi Dios cantaré salmos mientras viva.

L: No confiéis en príncipes ni en princesas, ni en hijo de ser humano, porque no hay liberación en él.

T: Su espíritu ha de salir, y él volverá al polvo. En aquel día perecerán sus pensamientos.

L: Bienaventurado aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, bienaventurasa aquella cuya esperanza está puesta en Yahvé su Dios

T: quien hizo los cielos, la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; quien guarda la verdad para siempre;

L: quien hace justicia a los oprimidos y da pan a las hambrientas; Yahvé suelta a los prisioneros.

T: Yahvé abre los ojos a los ciegos; Yahvé levanta a las que han sido doblegadas, Yahvé ama a los justos y justas;

L: Yahvé guarda a los forasteros; sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de las impías e impíos.

T: Yahvé reinará para siempre; tu Dios, oh Sión, de generación en generación. ¡Aleluya!

“Oh, sí Señor, como acabamos de decir, tú eres Dios de generación en generación. Tú eres el que libera a los prisoneros y abres los ojos a los ciegos, quien provee para el huérfano y para la viuda. Pues como huérfanos y viudas queremos venir hoy ante ti, tal y como cada uno y cada una es, para gozarnos en ti y celebrar y agradecerte cómo tú te has manifestado a cada uno y una de nosotros. Bendice Señor este tiempo y hazlo lugar verdadero de encuentro contigo. Esto te lo pedimos en el nombre de tu Hijo, amén”.

Puestos ahora en pie, tal como estamos, cantemos el himno “Oh, deja que el Señor” (MV 190)

CONFESIÓN DE PECADO

Acabamos de cantar “Entrégale lo que te impide”, y siguiendo esta invitación me gustaría que ahora nos tomáramos un momento de reflexión y de meditación sobre nosotr@s mismos, que abriésemos unos momentos de encuentro y reconciliación con el Señor, cada uno y cada una en silencio, trayendo a nuestras mentes aquellos que le queremos presentar para que Dios actúe como Sanadora y Generadora de vida en nuestros cuerpos y mentes. Presentemos pues nuestas faltas y ofensas en silencio.

CONFESIÓN

Adaptada de Juliana de Norwich y Hildegarda de Bingen.

De esta manera vi que Dios es nuestra verdadera paz y nuestro seguro protector en la inquietud, pues trabaja constantemente para llevarnos a la paz infinita. Y así, cuando por la operación de la misericordia y la gracia somos hechos y hechas humildes y dulces, entonces estamos totalmente a salvo. Y cuando estamos totalmente en paz y amor no encontramos oposición ni obstáculo alguno, pues nuestro Señor Dios, en su bondad, hace que la contradicción que está en nosotros se vuelva provechosa. Pues ¡cuán admirable es la sabiduría del corazón divino que ha conocido anticipadamente a cada creatura! Pues cuando Dios fijó la mirada en el rostro del ser humano, al que modeló, reconoció toda su obra, en esa intacta forma humana. Y esto es gracia. ¡Cuán admirable es el soplo que al ser humano así despertó!

LECTURA DE LA PALABRA

Y en nuestro recorrido geneológico y de memoria por el que hoy andaremos la primera que nos viene al encuentro es Argula von Grumbach, la primera mujer protestante a la que se publicó. Casi 13.000 ejemplares de sus 8 escritos conocidos circularon en dos años, desde Estrasburgo a Wittenberg. Nacida noble y bien educada, reaccionó contra la violencia y la censura que muchos protestantes experimentaban diariamente en Baviera, y fue de las primeras en reconocerse públicamente seguidora de Lutero y Melanchton. Se sentía imbuida con un fuerte sentido profético y por ello retó a la Universidad de Ingolstadt a un debate público a causa de la expulsión de un alumno luterano y denunció las persecuciones contra los protestantes. Puesto que las mujeres bíblicas renunciaron a ser silenciadas, “No puedo y no dejaré de hablar en casa ni en la calle”, afirmaba. Fue amenazada y vilipendiada, pero aún así, después de la Guerra de los Campesinos, continuó defendiendo la Reforma en los estados de su familia. Como todos los reformadores, tenía un fuerte sentido de la Palabra, que ella sin embargo trenzaba fuertemente con su experiencia de ser una de las primeras mujeres públicas que superaron la censura de religión y género, pues se convirtió en un personaje público que durante los años 1522-24 tuvo un enorme impacto.

Con ella, somos invitados a escuchar la primera lectura de la Palabra de esta mañana, empezando por el de una mujer que tampoco se dejó silenciar, Rut. [lectura de Rut 1:1-18]

La segunda lectura de esta mañana también nos viene introducida por otra mujer, Katharine Schütz-Zell. Fue conocida como la madre de los reformadores, no sólo por su apoyo a las familias pastorales sino también por la labor que desempeñó durante toda su vida de asistencia a los más necesitados y su capacidad de indetificarse con aquellos que más sufrían. Asidua visitante de anabautistas encarcelados, maestra y redactora de cartas de consolación incansable así como de una meditación sobre los Salmos, fue una mujer que no se paró en romper las fronteras de la sociedad en la que vivía, sino que también rompió las de las propias iglesias reformadas. Así, predicó en el funeral de su marido, Matthew Zell y en el de dos mujeres anabautistas. Murió en 1562 y fue enterrada en Estrasburgo. [lectura de Heb.9. 11-14]

Y la última lectura nos viene introducida por Jean d’Albert, la hija de otra importante mujer que acogió y propulsó la Reforma, aunque mantuvo fuertes diferencias con Calvino, Margarita de Navarra. Sin embargo, fue su hija Jean la que oficilalizó el calvinismo en Navarra-Béarn y promulgó el primer edicto de tolerancia de la época. Por ello, ella nos introduce la lectura de Marcos. [Mc. 12:28-34]

Cantaremos ahora todos juntos el himno “Tú has venido a la orilla” (MV 195)

Y escucharemos a continuación la predicación de la palabra, que esta mañana nos trae otra mujer, Alma.

[PREDICACIÓN]