dimecres, 28 d’octubre de 2009

LITURGIA PARA EL DÍA DE LA REFORMA 2

RESPUESTA A LA PALABRA

Y como respuesta a la palabra y como expresión de nuestra fe y compromiso, leamos ahora tod@s junt@s este credo.

Creo, creo en Dios, Dios que siente y es sentido, Dios con tripas y corazón, Dios que rebulle y clama contra la injustícia, Dios que toca y penetra hasta el último ápice de existencia. Creo en Dios Que Acoge, y que en su acogida, se entrega Todo al mundo para salvación.

Creo, sí. Creo en Jesús, Sabiduría de Dios y Mismo Dios, Cristo, que se da libremente y ante quien ya no debo avergonzarme. Creo en este Jesús comprometido hasta el final, que vivió y resucitó, que anduvo cansado, polvoriento, sediento y perseguido, y que en su vida sembró Vida zancada tras zancada, cuyas palabras alumbran un nuevo mundo.

Creo, sí. Creo firmemente en el Espíritu Santo, la presencia inefable de Dios, el que abre horizontes y desdibuja fronteras; que a pesar de ser intangible se deja habitar en nuestras mentes y nuestros sentires, y que está en las lazadas que nos unen como hermanos y hermanas.

Y sí, creo. Creo en nosotros, en nosotras, su Iglesia, en Su comunidad reconciliada y reconciliadora que se abre sin miedos al mundo, a sus deslumbrantes amaneceres y a sus borrascosos atardeceres. Creo en esta Iglesia que se deja guiar y es guiada y que merced al bienamar del Dios Trino se reconoce como pueblo sin separaciones, tejedora incansable de la esperanza humana.

Sí, en esto creo. En esto creemos. Creemos con toda nuestra alma, con todo nuestro ser y con toda nuestra integridad. Amén.

Y todavía puestos en pie, cantemos junt@s el himno Castillo Fuerte es Nuestro Dios (MV 25).

ESPACIO DE MEMORIA

Ahora me gustaría abrir un espacio no sólo de oración, sino explícitamente de memoria, un poco por aquello que decía antes de que la fe es memoria. Me gustaría que compartiéramos experiencias que nos hayan marcado profundamente, relacioonadas con personas que ya no están o que no están aquí pero que en nuestra opinión nos han transmitido algo valioso, quizá una nueva manera de entender la fe, o quizá una vivencia muy intensa compartida con aquella persona, o quizá nos han hecho pensar en alguna cosa que no habíamos imaginado hasta el momento.

[TIEMPO]

Oremos.

[ORACIÓN DE MEMORIA] Queremos darte gracias, Dios, por todos los recuerdos que aquí hemos traído, por aquellos que hemos dicho en voz alta y por aquellos otros que se han quedado en nuestras mentes. Queremos darte gracias porque tú, Señor, eres un Dios de memoria, porque en ti a través de Cristo, tenemos una historia que recordar, y porque tú estás en nuestros orígenes, de generación en generación.

También queremos darte gracias por la historia de tu iglesia, oh Dios. Somos conscientes de que ésta muchas veces ha traicionado tu evangelio y que muy a menudo ha estado más al lado de los que censuran que junto a los que denuncian injusticia. Pero lo maravilloso es que, a pesar de esto, tú estás presente en ella y de alguna manera reconduces las situaciones para que tu Reino se esparzca. Gracias te damos por esto. Gracias te damos por nuestras historias personales, en las que también te revelas, Señor. Y gracias te damos por el poder recordar… y aprender del pasado.

En el nombre de tu amado Hijo Jesús el Cristo, Amén.

Y cantemos tod@s, puestos en pie, el himno “Dancé en la mañana” (MV 128)

BENDICIÓN Y ENVÍO

Recibamos ahora nuestra benidición final.

Que la bendición del Dios de todos los tiempos, Padre y Madre, Espíritu y Vida, Principio y Fin, ilumine nuestros recuerdos,
anime nuestra vida de cada día y nos llene de esperanza para el mañana.
Que la bendición del Dios de todos los tiempos, llene nuestra vida de gratitud,
ponga alegría en nuestros corazones
y alumbre el camino que debemos andar.
Que la bendición del Dios de todos los tiempos, sea nuestra fuerza y nuestro consuelo, hoy y siempre. Amén (CLAI)

POSTLUDIO